Posteado por: Carlos Valladares | 16 junio, 2010

Lo que digo lo hago: Noruega

Hace unos días dudaba de si me iba a dar tiempo de ir a Noruega, a ver los fiordos. Tras pensarlo, bueno, mejor dicho, tras no pensarlo, decidí tirar para allá. Hay cosas que hay que hacerlas de forma impulsiva.

Así que, tras Suecia, puse rumbo a Noruega. Atravesé Suecia por el medio, circulando por carreteras rodeadas de bosques espesos. Una vez en Göteborg, solo hay que tirar hacia el norte, dirección Oslo. Y sin dejar las autopistas, que son gratis. Aunque cerca de Göteborg hay que pagar un par de peajes de 24 coronas suecas cada uno (2,4 euros).

La idea era ir hasta Bergen, y desde allí empezar una ruta a través de los fiordos, siguiendo una guía de rutas en autocaravana que tengo. Pero al final decidí hacer yo la mía. Así que, tras Oslo, tiré por la carretera 7. Es una carretera relativamente importante, aunque de un carril por sentido. Comienza atravesando frondosos bosques, cuando, de repente, y sin saber como, te encuentras en una gigantesca estepa congelada. En una tierra yerma.

Me recuerda a una canción de Extremoduro, que dice: “Llanura bélica, páramo de asceta, no fue por estas tierras el bíblico jardín”. Pues más bien no, porque aquí no hay nada de nada. Bueno, sí. Aleatoriamente, hay salpicadas algunas casas. Una aquí, y otra allá. Me sorprende que haya gente que se construya una vivienda aquí. Supongo que cada una tendrá un grupo electrógeno y una fosa séptica, porque no creo que llegue ni la electricidad ni la red de alcantarillado.

En esa misma estepa hice noche. Aparqué en el parking de atrás de un pequeño hostal. Un sitio bastante siniestro. Dicho hostal parecía abandonado. El edificio estaba en buen estado, pero estaba cerrado con candados y las ventanas estaban condenadas con maderas.

No había nadie. Únicamente una furgoneta aparcada, pero no sé dónde estaría el dueño. La verdad es que era bastante tétrico todo: un paisaje yermo en el que no hay nada, un hostal solitario en medio de la llanura que parece abandonado, y una carretera por la que apenas pasan coches. Parecía como si se hubiera parado el tiempo. No había movimiento de nada ni de nadie. Incluso había una moto de nieve, bastante nueva, allí, inerte. Y decido hacer noche allí. Ahí mis huevos.

Justo antes de irme a sobar, abrí un poco una cortina para ver si quedaba mucha luz, y vi una silueta que se movía. Había alguien por allí rondando! Le seguí moviendo únicamente los ojos, con el cuello quieto, hasta que tuve que cambiar de ventana, porque se me salió del ángulo de visión. Vi que se metió detrás de una caseta, y no salía. ¿Quién coño sería? Al cabo de un rato, vi que se piraba con una bici. Sería casi la 1 de la madrugada. Todavía había luz pero, ¿a quién se le ocurre ir a esas horas en bici, por este sitio? El pueblo más cercano estaría a 50 kms, por lo menos.

En fin. De todas formas, yo sobé igual de bien que siempre. Por cierto, estaba todo helado, y por la, digamos, noche, hacía frío en el exterior, pero dentro de la furgo pasé calor y todo.

A la mañana siguiente continué por la carretera 7. El paisaje volvió a cambiar casi sin darme cuenta, y pasó de la estepa a lo que son propiamente los fiordos.

Los fiordos son valles formados por un glaciar, cubiertos de agua salada, estrechos y bordeados por montañas que nacen bajo el nivel del mar.

De vez en cuando, te encuentras alguna cascada que casi atraviesa la vegetación que crece en las montañas.

En lugar de llegar a Bergen, decidí tirar para el sur, por la carretera 13. Me estaba quedando sin suco, y decidí echar algo en la primera gasolinera que encontrara. Aquí no puedes apurar demasiado el depósito porque te puedes quedar tirado en medio de la nada. Las gasolineras no abundan.

La primera suquera que me encontré tenía el litro de gasolina 95 a unos 1,65 €, al cambio. Así que reposté 15 litrillos y me largué, a ver si la siguiente gasolinera tenía el combustible más barato (que las había).

Ya al final del día, buscaba un sitio donde hacer noche, y atravesando una población, vi un pequeño terreno junto al agua, donde había una autocaravana. Bajé por el camino que llevaba hasta la explanada, y resulta que era un sitio cojonudo para pernoctar. En Noruega, la acampada libre está tolerada, también. Allí había 3 autocaravanas más, y luego llegó una T4 alemana y una moto. Pusieron la tienda y también se unieron al grupo.

Al día siguiente seguí por la carretera 13, que me llevaba hacia el sur. El objetivo era llegar a Kristiansand para valorar si valía la pena pillar el ferry a Dinamarca. Las vistas de esta carretera son también increíbles y, debido a que esta es una zona con muchas entradas de agua, la carretera no es contínua, y hay que pillar un par de ferrys. Es curioso esperar al ferry como si estuvieras esperando a que se ponga verde el semáforo.

Embarcas en el ferry, te deja en la otra punta, y continúas por la misma carretera.

Tras la carretera 13, pillé un rato la E39, que es una carretera un poco más rápida, y luego la 44, que es una carretera ratonera de montaña.

En ocasiones, se hace tan estrecha, que no pasan 2 vehículos en paralelo. En un par de ocasiones, tuve que frenar y echar marcha atrás para que pasara el otro coche.

La última noche en Noruega decidí sobar en un camping, por probar. A ver si eran diferentes al resto. Y bueno, diferentes no son. De hecho, era bastante pestosillo. Fui a uno de Flekkefjord, llamado Egenes Camping. Era una explanada de hierba, con un edificio donde estaban los lavabos. Una noche, una persona, sin electricidad, me costó 30 pavos. La corriente eran otros 5 euros, al cambio. Un sableo. Pero no me quería ir del país sin probarlo. Noruega es un país muy caro. Por lo menos con el poder adquisitivo de España.

A la mañana siguiente salí escopeteado para Kristiansand, que ya estaba a un tiro de piedra. Según mis cálculos, si el ferry costaba más de 2200 coronas noruegas, me salía más barato tirar por carretera. Aunque tardaría muchísimo más.

Una vez en la taquilla del ferry, pregunté por el cheapest ticket, que no es plan de derrochar el dinero. Supongo que me saldría un poco más caro que para un turismo normal, porque la altura de la furgo es de 2,10 m. Aún así, me costó unas 1300 coronas noruegas. Bastante menos de lo calculado como límite. Y el viaje dura solo 2h 15m. Así que cargué la furgo, me llevé el libro de American Psycho y me apalanqué en una de las butacas a leer un ratazo.

A la llegada a Hirsthals, ya en Dinamarca, la idea era atravesar el país a toda mecha, para llegar de nuevo a Stade. Había quedado con David, T3power, de cambiar el aceite y el filtro a la vuelta. Hacía ya más de 7000 kms que no había cambiado el aceite y, aunque es sintético, y este tipo de lubricantes aguanta más tiempo las propiedades, no me hacía mucha gracia estirar tanto. Así que la próxima parada es Stade. A casi 600 kms.

Nos vemos en la carretera.

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Responses

  1. Joer Carlos!
    Que bueno tu blog, que bueno… como te la estas gozando, eh!!!?!?!?


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