Posteado por: Carlos Valladares | 29 junio, 2010

Despedida y cierre

Y hasta aquí ha llegado esta pequeña aventura. Han sido casi 3 meses, más de 10.000 km, cientos de litros de gasolina quemados y millones de vueltas de cigüeñal.

La verdad es que ha sido poco tiempo. He notado evolución desde que empecé hasta el final del viaje: al principio me daba reparo pernoctar por ahí, cosa que no ha sucedido al final. Supongo que es cosa de tener seguridad en uno mismo y autoconfianza. Se puede decir que he ganado en ese campo.

También creo que he mejorado mi conducción. Hacia el final del viaje ha sido cuando he conseguido los mejores consumos. Supongo que he mejorado mi técnica de hypermiling.

Me ha llamado la atención la disciplina al volante que tiene la gente del norte. Grosso modo, se podría resumir que donde peor se conduce es en España e Italia: no respetan líneas contínuas ni distancia de seguridad. Por supuesto, de los intermitentes ni hablamos. Donde mejor he visto que conducen es en la zona de Baviera, donde todo lo anterior lo hacen correctamente. En los países escandinavos, mantienen la distancia de seguridad y no te pitan si vas muy lento. Pero el tema de los intermitentes no lo tienen muy presente.

Respecto al paisaje, creo que la parte que más me ha gustado ha sido la zona escandinava. Es una tierra bastante distinta a lo que conocía del sur del continente. Tengo que volver, sin duda. Y el cabo norte es uno de mis objetivos. Ya sabéis que lo que digo, lo hago. Solo es cuestión de tiempo.

¿Y la parte que menos me ha gustado? Las zonas de costa. Da igual que sea Francia o Italia. Parece que todo el mundo pierde el culo por ir a la playa, cuando en verdad es una trampa mortal: zonas masificadas y todo supercaro. Ya sé que esto va a gustos, pero yo prefiero mil veces el interior, antes que verme en un sitio típicamente turístico donde saben que eres el guiri, te van a sablear, y encima no vas a ver una mierda. No es mi idea de visitar un lugar. Yo necesito tener espacio libre a mi alrededor. No me va eso de las playas masificadas.

Y no creáis que estoy hasta las bolas de conducir. Los últimos días han sido maratones de más de 400 km, pero tras aparcar finalmente la furgoneta en el parking de mi casa, tenía ganas de mucho más.

¿Recomendable un viaje de este tipo? Por supuesto. Hoy en día mucha gente pilla la mochila y se pira por ahí. Yo, la verdad, lo tenía más fácil que esta gente, ya que llevaba la casa a cuestas. Pero de todas formas, la esencia es la misma: descubrir el mundo en primera persona. Desde la comodidad del sofá de casa no vas a ver nada nuevo. Y voy a repetir una frase que me dijo un antiguo compañero de trabajo: “si cada día haces lo mismo, será como si solo hubieras vivido un día”. Así que el que tenga ganas de ver mundo que no lo piense: que le eche un par de huevos y se pire. Si no, cuando sea viejo se arrepentirá.

Seguramente, dentro de unos años, yo mismo recordaré este viaje como un sueño, y diré: “ostia, cuando era joven me piré solo por Europa, en una furgoneta vieja”. Pero bueno, que me quiten lo bailao. ¿Y qué será lo próximo? ¿La vuelta al mundo? No lo sé. Todo se andará.

Tal vez los más observadores (y frikazos) se habrán percatao que llevo una pegatina de un videojuego mítico en el portón posterior. Me encanta esa saga de CAPCOM. Así que voy a finalizar el blog igual que cuando te pasas cualquiera de los Megaman.

Gracias por jugar.

Hasta siempre.

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Posteado por: Carlos Valladares | 27 junio, 2010

Gestión de la energía

Tras pegarme este viaje, creo que puedo opinar con cierto conocimiento de causa sobre los asuntos energéticos del mundillo camper.

A la hora de viajar en furgo, el tema energía cobra más importancia todavía que en el coche. Por varias razones: porque normalmente se cubren distancias más grandes, porque algunos consumos son mayores, y porque aquí disponemos de más tipos distintos de energía que hay que saber dosificar para que duren lo máximo.

Así, podemos distinguir tres tipos diferentes de energía, dentro de la furgo:

–         Combustible del motor

–         Gas

–         Electricidad

Ya he hablado anteriormente de ello, pero ahora me molaría comentar las acciones concretas que hay que llevar a cabo cuando se viaja en furgona, para minimizar el gasto de cada uno de estos elementos. Gastar lo mínimo posible nos dará, por un lado, mayor autonomía. Así nos ahorra el hecho de parar a repostar o recargar la bombona tan a menudo. Por otro, nos gastaremos menos pasta, que es lo más interesante.

Combustible del motor

Este tema está más que hablado, porque ahora parece que está de moda practicar el hypermiling (hacer el máximo de kms con un depósito). A grandes rasgos, lo que hay que hacer es pisar poco el acelerador. Y punto. Esto implica aceleraciones lentas, siempre que no se comprometa la seguridad. La gente parece que solo tiene en cuenta el régimen del motor, a la hora de cambiar de marcha. Pero éste es solo una de las variables. La variable olvidada es la posición del gas. De nada sirve cambiar a 2000 rpm si llevas el gas a tope.

Por otro lado, lo de siempre: velocidad constante y previsión en las maniobras.

Y una situación en la que se puede ahorrar bastante gasofa es afrontando las subidas. La forma más económica de subir no es manteniendo la velocidad constante. Eso cuesta mucha energía. Resulta más eficiente coger algo de carrerilla (suavemente) justo antes de afrontar la subida, y luego, dejar caer lentamente la velocidad. Dentro de unos límites, claro está. Pensad que cuando se sube, una componente del peso del vehículo nos está tirando para abajo. Y eso es una fuerza que, desde la referencia relativa del vehículo, hay que vencer. En llano no ocurre eso. Y en bajada, esa componente del peso juega a nuestro favor.

En mi caso concreto, otra forma de ahorrar es echando gasolina de 95 octanos en lugar de 98. Recuerdo que mi vehículo necesita gasolina de 98 octanos porque lo dice el manual del vehículo.

No le echo ese suco porque así corre más o porque el motor va más limpio. Si en el manual pusiera que con 95 octanos le basta para cualquier estado de funcionamiento, está claro que le echaría gasofa de la barata. Pero no es así. De hecho, en el manual pone que se puede repostar gasolina de 95 octanos siempre que no se circule a cargas elevadas. O sea, dándole candela. Como la idea es conducir suave, pues otra forma de ahorrar es repostar gasofa de 95. Y más cuando la diferencia de precio entre ambos combustibles es muy grande, como en todos los países que he estado, salvo en Francia.

Gas

Este tema es el que me trae más de cabeza. Más que por el elevado consumo, por la disponibilidad de las bombonas de Campingaz. Y por la molestia que supone pagar más de 30 pavos por una puta recarga (en Bélgica me costó eso). Aquí sí que se puede optimizar mucho su uso. En mi caso, tengo 3 consumidores de este combustible: la nevera (cuando funciona a gas), la cocina, y la calefacción estacionaria. Los he ordenado de menor a mayor potencia calorífica. Pero hay que tener en cuenta las horas de uso: la calefa casi no se usa, la cocina solo algunos minutos al día, tal vez 1 hora. Pero la nevera puede estar varios días seguidos funcionando 24h/día. Y eso provoca que sea el mayor consumidor de gas. Así que es el elemento al que más atención hay que prestar.

Se puede sacar una estimación de la duración de la bombona de gas solo teniendo en cuenta la nevera y despreciando los otros dos elementos: cada bombona del tipo 907 de Campingaz tiene 2,75 kg de gas butano. El consumo máximo de gas de la nevera es de 15 g/h. Parece poco. Si dividimos la capacidad de la botella por el consumo horario de la nevera, nos salen 180 horas, funcionando en contínuo a plena potencia. Parece que son muchas horas. Si dividimos entre las 24 horas que tiene el día, nos salen 7 días y medio. Ese sería el tiempo que duraría una bombona de Campingaz del tipo 907 con la nevera funcionando a todo trapo. O sea, una semanita cada bombona. Si cada semana tengo que pagar 30 eurazos por una bombona, lo llevo claro. ¿La solución? Llevar la nevera a carga parcial, para mantener una temperatura próxima a 4ºC y aprovechar los campings para hacerla funcionar a 220V. Recuerdo que mi nevera es trivalente: funciona según un ciclo de absorción, no con compresor, como las de casa. Lo único que necesitan es un foco caliente, que puede ser una resistencia eléctrica (a 220 V alterna o a 12 V contínua) o un quemador de gas.

El rendimiento del ciclo de absorción es menor que el ciclo de expansión que usa una nevera como las de casa. Le afecta mucho la temperatura exterior. Por todas estas razones, hay que prestar mucha atención a este chisme. Así, estas son algunas de las cosas a tener en cuenta, con la nevera de absorción:

–         Cuidadito con eso de abrir y cerrar la nevera. Al tener un volumen tan pequeño, cada vez que se abre la puerta de par en par, la tasa de renovación del aire es cercana al 100%, por lo que es como si volviéramos a empezar desde el principio, prácticamente. Hay que abrirla pocas veces, y sin hacerlo de par en par.

–         Me he dado cuen que, más que la temperatura del interior del habitáculo, lo que más le afecta a este bicho es la radiación solar. Es decir, que si el sol está pegando por el lado de la furgoneta donde está la nevera, estás jodido. La temperatura del interior del frigo subirá sin remedio. Solución: prever esta situación y aparcar en consecuencia.

–         Resumiendo un poco los dos puntos anteriores, a estas neveras les cuesta la vida vencer la inercia térmica. Si hay algo caliente dentro del frigo, o hace mucho calor fuera, la temperatura interior tardará mucho en bajar. O puede subir, incluso.

–         Para evitar altas temperaturas dentro del habitáculo, lo mejor es (si no se puede aparcar a la sombra) usar las cortinas. Yo las tengo con foscurit, que aísla muy bien del sol. Y se nota que te cagas.

–         Para evitar llevar la nevera a todo gas de manera innecesaria, lo suyo es llevar un termómetro para controlar la temperatura de su interior. Con llevar el frigo entre 2 y 6 grados, basta. Bajar de ahí es desperdiciar energía. Así, podemos llevar la nevera a cargas parciales, consumiendo menos de esos 15 gramos/hora (en el caso concreto de la mía).

Respecto a la cocina, también se puede optimizar algo. Obviamente, si la comida necesita un cierto tiempo concreto para cocinarse, no se puede hacer nada, pero sí que se pueden pulir detalles:

–         Usar la tapa de la olla. No os imagináis la cantidad de calor que se desperdicia a través de la parte superior de este recipiente. Esto puede hacerse extensible a sartenes y cazos.

–         Si tienes que hacer 2 platos, y se pueden hacer de forma secuencial, es decir, uno antes y luego el otro, lo suyo es aprovechar el fogón donde se cocinó el primero, ya que ya tiene una temperatura elevada. Y si se puede aprovechar el mismo cazo o sartén, pues mejor todavía.

–         A la hora de cocer pasta o arroz, puede ponerse algo menos de agua. Esa agua se calienta para después tirarse. Por ello, cuando menor sea la masa de agua a calentar, menos energía será necesaria. Pero hay que tener en cuenta que la comida se cueza bien, claro. No es plan de que el plato nos quede una suculenta montaña de mierda.

–         Para los papeos anteriores, si estamos en un camping, lo suyo es llenar la olla con agua caliente del grifo. Así partimos de una temperatura superior del agua, por lo que el punto de ebullición está más cerca.

Y sobre la calefacción estacionaria, resulta ser el consumidor más potente pero el que funciona menos tiempo, lo que provoca el menor consumo. Pero para minimizar su uso, hay que tener en cuenta lo siguiente:

–         Las cortinas y el parasol sirven para evitar la entrada de los rayos del sol, pero por la noche hacen el papel contrario: evitan que el calor del interior de la furgo se disipe hacia el exterior, haciendo bajar la temperatura del habitáculo.

–         Un detalle del que me he dado cuenta es que hay que procurar que la parte baja de las cortinas quede pegada al máximo contra la chapa del vehículo. ¿Por qué? Pues porque el aire frío tiende a ir hacia abajo, ya que es más denso que el aire caliente. Los cristales, al ser muy poco aislantes, provocan que en su entorno el aire sea muy frío, por lo que éste cae por la parte baja de las cortinas. En las noches frías, si pones la mano debajo de las cortinas, se nota la corriente de aire frío.

–         Una forma de minimizar el volumen de aire habitable, y por lo tanto, que debe estar a una temperatura adecuada, es correr la cortina que separa la cabina del resto del vehículo. Así, tenemos menos metros cúbicos de aire que hay que calentar o evitar que se enfríe.

–         En general, lo suyo es evitar las pérdidas de calor. Muchas veces te das cuenta cuando ya es demasiado tarde. Eso provoca que tengas que calentar de nuevo el recinto, ya que el calor se ha escapado hacia el exterior.

Electricidad

Este es el tema menos preocupante, a menos que vayas a estar una semana apalancao en algún sitio aislado. Al circular, el alternador recarga las baterías, y si estás en un camping, puedes enchufar el cargador para hacer eso mismo. A pesar de todo, siempre se puede optimizar un poquillo:

–         Siempre que se pueda, cargar los chismes tales como el móvil, el ordenata, etc, en el camping.

–         Aprovechar para hacer lo propio con las baterías del vehículo, con el cargador.

–         Si hay que usar el inversor por huevos, lo ideal es hacerlo en marcha. Así nos aseguramos que no nos quedamos sin batería en el vehículo. Pensad que, un inversor como el mío, que es de 500 Watios, puede dejar seca una batería de 72 Ah en pocas horas:

500W / 12V = 41,67 Amperios (A).

72 Ah / 41,67 A = 1,73 horas.

Con un consumidor que lleve al límite el inversor (500 W, en mi caso), en menos de 2 horas se cepilla la batería. Y aquí he tenido en cuenta el caso ideal de que la batería libera esos 72 Amperios hora. En la realidad, por debajo de cierto porcentaje de descarga, la batería dice basta.

Y eso es todo. Son cosillas que he ido poniendo en práctica a lo largo del viaje. Algunas ya las sabía, y otras las he ido descubriendo sobre la marcha. Espero que les pueda servir de ayuda a alguien más.

Salud y kms!

Posteado por: Carlos Valladares | 24 junio, 2010

Se acabó lo que se daba

“Vivo de medio kilómetro en medio kilómetro. No me importa nada más. Y durante esos 10 segundos, o menos, soy libre.”

Dominic Toretto

Así, puesto en cursiva y entrecomillado, parece una frase solemne. Nadie diría que está sacada de una película tan macarra como es A todo gas. Que conste que me encanta esa peli.
Y es que esa frase resume perfectamente lo que ha sido la última etapa de mi periplo por las europas. Grandes tiradas y recorridos que no bajaban de los 400 km diarios. Por el simple y mero placer de conducir. Así de fácil.
Tras salir de Alemania, quería hacer una última parada en Bélgica, para despedirme de mi amigo Javier, y compañía. Y después, continuar rumbo suroeste, con la intención de atravesar Francia por el centro. Nada de costa esta vez.

Y así fue. El primer día después de salir de Bélgica, me puse como objetivo hacer noche en un área de autocaravanas que hay en Humbligny. Tengo un mapa de carreteras de Francia en el que te vienen todas las áreas de AC’s del país. Y eso va de lujo para planificarte los viajes. Lo malo es que dudo de la existencia de dicha área. Más que nada porque no había ni rastro. Y mira que el pueblo era enano. Ni una triste indicación. Así que busqué un sitio un poco apartado y me apalanqué allí.

El siguiente día tenía planeado llegar a Millau, al área de AC’s que hay allí. Durante el camino, fui descubriendo cantidad de zonas habilitadas para pernoctar con la autocaravana. Incluso en medio de los pueblos. El ayuntamiento adapta un lugar donde vaciar aguas grises y llenar los depósitos. E incluso encontré un lugar donde te podías enchufar a la corriente. ¡De gratis!

La verdad es que el interior de Francia me moló más que la costa. Pero bueno, eso ya va a gustos. La clave, si vas a ir por el centro, y tiras de GPS, es decirle que planifique la ruta más corta (por defecto planifica la más rápida). Así te mete por carreteruchas comarcales que transcurren entre los viñedos y los campos de cereal. Lo malo es que te puede meter incluso por caminos de tierra. Comprobado. Y es que hacer más de 400 km por carreterillas de estas puede ser agotador.

Al final de la tarde llegué al lugar donde sería mi última pernocta en el extranjero. A Millau. Esta población es famosa por el puente que se inauguró en 2004, y que se considera el más alto del mundo.

Su altura máxima es de 343 metros, y mide casi 2 kilómetros y medio de largo. Costó casi 400 millones de pavos, y fue diseñado por el arquitecto Norman Foster. El mismo que hizo la torre de comunicaciones de Collserola de Barcelona o la Torre Caja Madrid, en Madrid. Lo vi en el programa este que se llama Mega Construcciones, o algo así, y me encantó.

El área de AC’s de Millau sí estaba claramente indicada. Era un lugar no demasiado grande, y no tenía para recargar ni vaciar agua, pero por lo menos era gratis y estaba muy cerca del pueblo.

Y tras salir de allí, ya encaré de nuevo hacia España. Estas líneas ya las estoy escribiendo desde casa, así que doy este viaje por concluído. Pero el blog todavía no. Antes me gustaría poner algunos post más. Uno de ellos dedicado a la gente de FurgoVW, o de cualquiera que tenga furgoneta, en general.

Nos vemos.

Posteado por: Carlos Valladares | 17 junio, 2010

Stade, round 2

La otra vez que estuve en Stade, le comenté a David, T3power, si me podría echar una mano para cambiar el aceite, a la vuelta, ya que tiene un buen sitio para hacer este tipo de tareas. Y la vuelta ya está aquí. Así que, como es un hombre de palabra, fuimos a comprar el aceite y el filtro de aceite, y procedimos a lo que, si todo va bien, es una tarea simple.

Solo hay que sacar el tornillo del cárter, dejar que salga el aceite usado, volver a poner el tornillo, y echar el aceite. Fácil. Es como dar cera-pulir cera.

Pero en un vehículo con 21 años y casi 230.000 kms, pueden surgir imprevistos. Y así fue. Al sacar el tornillo de vaciado del cárter, observamos que parte de la rosca del cárter había salido hacia fuera.

Por lo que me comentó David, ya había sido reparada. Lo que salió no era material del cárter, si no una cosa que se llama Heli-coil. Consiste en una especie de muelle que se pone en una rosca, para disminuir el diámetro interno de ésta. Por lo visto, algún anterior propietario había gastado la rosca original, con lo que tuvieron que agrandar el agujero y volver a mecanizarlo. Para conservar el tornillo de vaciado, pusieron el Heli-coil este.

Como era domingo, tuvimos que esperar al lunes siguiente para conseguir la pieza para reparar el agujero. Para hacer tiempo, nos fuimos a dar un pirulo con el Lamborghini Diablo.

Y me cago en la puta cómo corre el bicho este. En un momento ya ves la aguja del velocímetro en el 270.

Por cierto, en la misma gasolinera donde llenó el depósito del Diablo, se podía repostar gas natural.

En Alemania está bastante extendido el uso de combustibles alternativos. Es fácil encontrar surtidores de GLP (Gas Licuado del Petróleo), gas natural, o gasolina E85 (15% gasolina, 85% etanol). En España, encontrar E85 está chungo. GPL es bastante difícil. Y gas natural, casi imposible. O imposible, depende sea la comunidad donde vivas. Para hacerse una idea, en Catalunya solo hay 1 gasolinera donde se pueda repostar este combustible. Está en Abrera.

El domingo, pa rematar, fuimos a ver el partido del mundial a un sitio bastante atípico: una nave industrial. A mí, la verdad, el futbol como que me la suda, pero no quería dejar de ver cómo la montan los alemanes.

Era el almacén de una empresa de construcción. Allí habían puesto una pantalla gigante, unos chiringuitos de comida y bebida e incluso había un pedazo de equipo sanitario, por si alguien se flipaba con la priva, o repartiendo ostias finas. Pero no. Los alemanes se saben comportar.

Me llamó la atención la cantidad de churris que había, y lo arregladas que iban. Esto, en España, sería una rabo-party total.

Al día siguiente, ya lunes, David, que es un crack, solucionó el tema del tornillo del cárter enseguida.

Ahora ya podíamos echar el aceite nuevo.

Por cierto, las T3’s de gasolina tienen los taqués hidráulicos (como todos los motores modernos), y adolecen del problema que les suelen sonar bastante. La mía, al quedarse sin aceite durante casi 2 días, empezó a sonar que te cagas. Pero la cosa se solucionó tras unos minutos de funcionamiento.

Con la furgo ya en orden de marcha, me despedí (de nuevo) de David y Rita, y encaré rumbo sur-oeste.

Esa misma noche encontré un parking de autocaravanas que voy a poner como Furgoperfecto, porque está cojonudo. Un sitio amplio, tranquilo, limpio y con varias AC’s que hacen compañía.

Y de momento eso ha sido todo. Ahora ya lo que queda es todo hacia el sur-oeste.

Salud y kms.

Posteado por: Carlos Valladares | 16 junio, 2010

Lo que digo lo hago: Noruega

Hace unos días dudaba de si me iba a dar tiempo de ir a Noruega, a ver los fiordos. Tras pensarlo, bueno, mejor dicho, tras no pensarlo, decidí tirar para allá. Hay cosas que hay que hacerlas de forma impulsiva.

Así que, tras Suecia, puse rumbo a Noruega. Atravesé Suecia por el medio, circulando por carreteras rodeadas de bosques espesos. Una vez en Göteborg, solo hay que tirar hacia el norte, dirección Oslo. Y sin dejar las autopistas, que son gratis. Aunque cerca de Göteborg hay que pagar un par de peajes de 24 coronas suecas cada uno (2,4 euros).

La idea era ir hasta Bergen, y desde allí empezar una ruta a través de los fiordos, siguiendo una guía de rutas en autocaravana que tengo. Pero al final decidí hacer yo la mía. Así que, tras Oslo, tiré por la carretera 7. Es una carretera relativamente importante, aunque de un carril por sentido. Comienza atravesando frondosos bosques, cuando, de repente, y sin saber como, te encuentras en una gigantesca estepa congelada. En una tierra yerma.

Me recuerda a una canción de Extremoduro, que dice: “Llanura bélica, páramo de asceta, no fue por estas tierras el bíblico jardín”. Pues más bien no, porque aquí no hay nada de nada. Bueno, sí. Aleatoriamente, hay salpicadas algunas casas. Una aquí, y otra allá. Me sorprende que haya gente que se construya una vivienda aquí. Supongo que cada una tendrá un grupo electrógeno y una fosa séptica, porque no creo que llegue ni la electricidad ni la red de alcantarillado.

En esa misma estepa hice noche. Aparqué en el parking de atrás de un pequeño hostal. Un sitio bastante siniestro. Dicho hostal parecía abandonado. El edificio estaba en buen estado, pero estaba cerrado con candados y las ventanas estaban condenadas con maderas.

No había nadie. Únicamente una furgoneta aparcada, pero no sé dónde estaría el dueño. La verdad es que era bastante tétrico todo: un paisaje yermo en el que no hay nada, un hostal solitario en medio de la llanura que parece abandonado, y una carretera por la que apenas pasan coches. Parecía como si se hubiera parado el tiempo. No había movimiento de nada ni de nadie. Incluso había una moto de nieve, bastante nueva, allí, inerte. Y decido hacer noche allí. Ahí mis huevos.

Justo antes de irme a sobar, abrí un poco una cortina para ver si quedaba mucha luz, y vi una silueta que se movía. Había alguien por allí rondando! Le seguí moviendo únicamente los ojos, con el cuello quieto, hasta que tuve que cambiar de ventana, porque se me salió del ángulo de visión. Vi que se metió detrás de una caseta, y no salía. ¿Quién coño sería? Al cabo de un rato, vi que se piraba con una bici. Sería casi la 1 de la madrugada. Todavía había luz pero, ¿a quién se le ocurre ir a esas horas en bici, por este sitio? El pueblo más cercano estaría a 50 kms, por lo menos.

En fin. De todas formas, yo sobé igual de bien que siempre. Por cierto, estaba todo helado, y por la, digamos, noche, hacía frío en el exterior, pero dentro de la furgo pasé calor y todo.

A la mañana siguiente continué por la carretera 7. El paisaje volvió a cambiar casi sin darme cuenta, y pasó de la estepa a lo que son propiamente los fiordos.

Los fiordos son valles formados por un glaciar, cubiertos de agua salada, estrechos y bordeados por montañas que nacen bajo el nivel del mar.

De vez en cuando, te encuentras alguna cascada que casi atraviesa la vegetación que crece en las montañas.

En lugar de llegar a Bergen, decidí tirar para el sur, por la carretera 13. Me estaba quedando sin suco, y decidí echar algo en la primera gasolinera que encontrara. Aquí no puedes apurar demasiado el depósito porque te puedes quedar tirado en medio de la nada. Las gasolineras no abundan.

La primera suquera que me encontré tenía el litro de gasolina 95 a unos 1,65 €, al cambio. Así que reposté 15 litrillos y me largué, a ver si la siguiente gasolinera tenía el combustible más barato (que las había).

Ya al final del día, buscaba un sitio donde hacer noche, y atravesando una población, vi un pequeño terreno junto al agua, donde había una autocaravana. Bajé por el camino que llevaba hasta la explanada, y resulta que era un sitio cojonudo para pernoctar. En Noruega, la acampada libre está tolerada, también. Allí había 3 autocaravanas más, y luego llegó una T4 alemana y una moto. Pusieron la tienda y también se unieron al grupo.

Al día siguiente seguí por la carretera 13, que me llevaba hacia el sur. El objetivo era llegar a Kristiansand para valorar si valía la pena pillar el ferry a Dinamarca. Las vistas de esta carretera son también increíbles y, debido a que esta es una zona con muchas entradas de agua, la carretera no es contínua, y hay que pillar un par de ferrys. Es curioso esperar al ferry como si estuvieras esperando a que se ponga verde el semáforo.

Embarcas en el ferry, te deja en la otra punta, y continúas por la misma carretera.

Tras la carretera 13, pillé un rato la E39, que es una carretera un poco más rápida, y luego la 44, que es una carretera ratonera de montaña.

En ocasiones, se hace tan estrecha, que no pasan 2 vehículos en paralelo. En un par de ocasiones, tuve que frenar y echar marcha atrás para que pasara el otro coche.

La última noche en Noruega decidí sobar en un camping, por probar. A ver si eran diferentes al resto. Y bueno, diferentes no son. De hecho, era bastante pestosillo. Fui a uno de Flekkefjord, llamado Egenes Camping. Era una explanada de hierba, con un edificio donde estaban los lavabos. Una noche, una persona, sin electricidad, me costó 30 pavos. La corriente eran otros 5 euros, al cambio. Un sableo. Pero no me quería ir del país sin probarlo. Noruega es un país muy caro. Por lo menos con el poder adquisitivo de España.

A la mañana siguiente salí escopeteado para Kristiansand, que ya estaba a un tiro de piedra. Según mis cálculos, si el ferry costaba más de 2200 coronas noruegas, me salía más barato tirar por carretera. Aunque tardaría muchísimo más.

Una vez en la taquilla del ferry, pregunté por el cheapest ticket, que no es plan de derrochar el dinero. Supongo que me saldría un poco más caro que para un turismo normal, porque la altura de la furgo es de 2,10 m. Aún así, me costó unas 1300 coronas noruegas. Bastante menos de lo calculado como límite. Y el viaje dura solo 2h 15m. Así que cargué la furgo, me llevé el libro de American Psycho y me apalanqué en una de las butacas a leer un ratazo.

A la llegada a Hirsthals, ya en Dinamarca, la idea era atravesar el país a toda mecha, para llegar de nuevo a Stade. Había quedado con David, T3power, de cambiar el aceite y el filtro a la vuelta. Hacía ya más de 7000 kms que no había cambiado el aceite y, aunque es sintético, y este tipo de lubricantes aguanta más tiempo las propiedades, no me hacía mucha gracia estirar tanto. Así que la próxima parada es Stade. A casi 600 kms.

Nos vemos en la carretera.

Posteado por: Carlos Valladares | 9 junio, 2010

Carlos loves Suecia

No sé por qué, Suecia es un país que me ha atraído siempre. Las suecas es un buen motivo, pero no el único. Es algo así como innato.

Ya había estado aquí en marzo del 2006. Justo el día después de graduarme como Ingeniero, pillé un vuelo barato para visitar a Leonel, Maritza, Carlos y Camilo. Y ahora, 4 años después, vuelvo. Aunque ahora es verano, prácticamente.

Cuando fui hace cuatro años, estaba todo nevado y helado. Nada que ver con lo que me he encontrado ahora.

Concretamente, el lugar se llama Bergkvara. Es un pequeño pueblo de la costa este de Suecia. Como casi todos los pueblos de aquí, es un sitio tranquilo, con unas casas cojonudas, y un terreno más que grande.

Algo que puede llamar la atención de estas casas, a parte de lo guapas que son, es que su vallado es muy bajo, de unos pocos centímetros de alto. O, a veces, ni siquiera existe. La casa se funde con el campo. Y es que aquí apenas hay delincuencia. Ninguna casa tiene rejas en sus ventanas, y los coches se pueden dejar abiertos en la calle. Como en las pelis americanas. Una especie de paraíso, vamos.

Bergkvara tiene un camping, pero es un camping abierto. Me explico: el terreno es público, pero los coordinadores lo alquilan. Es decir, cualquiera puede entrar al camping y pasear por allí. Incluso puedes hacer uso de los lavabos. Si decides pasar la noche allí, no es nada caro: al cambio, unos 16 euros (1 persona, con autocaravana y electricidad).

Algo que me llamó la atención de este camping (como tantos otros de Suecia, por lo que me dijeron), es que tiene cocinas. Además de lavabo, ducha y lavadoras, puedes hacerte la comida aquí, si lo deseas.

Aquí en Suecia, los campings no es lo único que está bien equipado. Hice una visita a Faurecia, que es donde trabaja Leonel, y me quedé flipando con el pedazo de gimnasio que tiene la empresa. Incluso con solarium. Y de gratis, para los trabajadores.

Pero como no solo de tranquilidad vive el hombre, me fui con Carlos y su novia Elin a Karlskrona, a ver cómo era la vida nocturna de esa ciudad.

Aprovechando que estaba allí, fui al supermercado más barato, que la cosa está mu mal.

Willy:s es lo más económico que hay en Suecia. Y es que, con el poder adquisitivo español, no se puede hacer mucho más aquí. De todas formas, está de puta madre. Hay de todo. Y cuando digo de todo, también me refiero a las personas. Nos encontramos con un amigo de Carlos, llamado Martin. Yo estaba pillando unas cosas de las estanterías, cuando me los encuentro mirando una foto de un disfraz de Transformers que se había hecho el tal Martin. Carlos le había contado que a mí me molan esas cosas. Pero es que este hombre me supera en frikismo. Atended:

Así que lo único que le pude decir a este hombre es: “you are fucking great”. Es el amo. Por cierto, aquí es Suecia todo dios habla inglés. Desde el tío con pinta de más quillo, hasta la anciana que se sienta en el banco del parque. Y además, lo hablan muy bien. Y se les entiende todo. Estos días que he estado en Suecia, he hecho un intensivo de inglés que te cagas. Ni academias ni pollas. Un viajecillo a Suecia y te pones las pilas rápido.

Ah, sí, antes de dejar el tema del supermercado, una recomendación: las albóndigas. Es lo más baratillo que hay de carne, están buenísimas, y viene una buena cantidad (pueden comer 2-3 personas). Solo hay que freírlas con algo de aceite, y p’adentro.

Aquí en Suecia les molan los coches americanos una barbaridad. Por la carretera, te puedes cruzar con unos cuantos, cualquier día a cualquier hora. Y estando en Karlskrona, vi un montonazo. Todos impecables, eso sí.

Y, como he dicho, había que catar la vida nocturna sueca. Así que el sábado salimos por Karlskrona Carlos, Elin, Nathali (una amiga de Elin) y yo. Por 100 coronas suecas (unos 10 pavos), entramos en un garito cojonudo. Rollito fashion, donde la iluminación iba cambiando de color y la cabina de los DJ’s se elevaba o bajaba, según el momento.

También me ha llamado la atención la cantidad de Volvo’s y Saab’s que hay por aquí. Se nota que los suecos también barren hacia casa.

Una de las cosas que me ha sorprendido, es que aquí puedes dormir donde quieras con la furgo. No estás perseguido ni te tratan como un criminal. Y esto tiene un nombre: el Derecho de Acceso Público.

Únicamente hay que cumplir dos cosas: no molestar y no destruir. Obvio.

Que envidia (sana) que me dan los suecos. Otra cosa a anotar en mi lista de por qué me gusta tanto este país…

Posteado por: Carlos Valladares | 6 junio, 2010

Isla de Romo y entrada a Suecia

Siguiendo la recomendación de David (T3power, para los amigos), tiré sentido norte, en dirección a la isla de Romo. Esta isla está situada al oeste de Dinamarca, y es un paraíso para los que practican deportes de viento. A pesar de ser una isla, se puede acceder a través de una carretera que hay construída a lo largo de un gigantesco dique.

Al final del dique, la carretera continúa en la isla, y si se sigue hasta el final, sin salir por ninguna de sus ramificaciones, se llega a una enorme playa.

La playa está dividida en zonas: hay una para windsurf, otra para kitesurf, etc. Pero la parte central es un paraíso del drifting. No pude evitar hacer culear un poco la furgona. Y como yo, casi todos los que entraban. Era como una especie de costumbre: entras, derrapas un poco en la arena, y te vas al sitio que quieres.

Como la arena es dura, puedes acercarte todo lo que quieras al agua. Lo que no contaba es que las Michelin Agilis de mi furgoneta se colapsan enseguida con la fina arena de la playa. Eso provoca que te quedes sin agarre. De hecho, me quedé atrapado en un sitio llano y que aparentemente tenía arena dura, aunque algo compactada por la humedad.

No me quedó más remedio que echar mano de la peazo de pala que me pillé en el Dealextreme. Mi hermano decía que con esa palilla no iba a hacer una mierda en la nieve, pero en la arena me fue de putísima madre para poder salir relativamente rápido. Aunque me costó un cojón, la verdad. Parecía increíble la facilidad con la que las ruedas traseras se hundían en la arena…

Para dormir, me escondí detrás de una duna. Desde allí, pude ver cómo se pone el sol en el mar. Los que vivimos en la costa este española, no lo podemos hacer. Y levantarse temprano para ver el sol, va a ser que no.

Aunque más interesante que la puesta de sol resulta ver cómo a medianoche todavía queda luz.

Respecto a la playa en sí, me sorprendió su limpieza. La verdad es que está muy bien equipada: tiene bastantes lugares donde depositar la basura, e incluso hay unos remolques aparcados que son los lavabos. Y la verdad es que están mucho más limpios y en mejor estado que en algunos de los campings que he visitado.

También hay que decir que la gente se comporta. Normalmente suele haber gente que practica deportes de viento y autocaravanas, que están allí por el propio placer de disfrutar de esa playa.

Tras la isla de Romo, decidí encarar hacia Suecia. Y es que tampoco quería estar mucho tiempo más en Dinamarca: no recordaba que no es un país de la zona Euro, y me daba palazo cambiar moneda para un día que iba a estar allí. Así que salí directo en sentido este. Crucé el país sin ni siquiera repostar. Llegué a Suecia con 5 litros de gasolina alemana en el depósito.

Las autopistas en Dinamarca son gratis, aunque hay que pagar el enorme puente que une Nyborg y Korsor. Al cambio, vale unos 30 euros.

No mucho más adelante está el túnel submarino que conecta Dinamarca con Suecia. Vale unos 38 euros, al cambio.

Pero antes de abandonar Dinamarca, me gustaría comentar algunos detalles que me han llamado la atención: cuando hay que pagar en la autopista, te lo indica claramente. Tras la última salida antes del peaje, unas cámaras te filman, supongo que para que no te escaquees; aunque está difícil, la verdad. Otra cosa que me ha llamado la atención es la cantidad de sitios para parar en las carreteras secundarias. Hay muchísimos. Y encima, en todos ellos hay lavabos e incluso un lugar habilitado para vaciar el WC químico.

Se nota que aquí miman al autocaravanista. No como en España, que en lugar de favorecer este tipo de turismo, lo que hacen es únicamente prohibir.

En Suecia, la tónica de Dinamarca se repite: mucho sitio donde parar y muy bien habilitado. Desde que entré en este país, no he dejado prácticamente la carretera E22. Y es una vía cojonuda. A veces se torna autopista, y después vuelve a ser carretera nacional. Todo ello gratuito. Mucho sitio donde parar, un buen paisaje escandinavo, a veces costa a veces interior, y mucho sol.

Es curioso, pero vuelvo a decir que Alemania parece que tiene una maldición con el clima. En Dinamarca hacía un sol del cagarse. Y ahora, en Suecia es increíble el calor que hace, aunque por las noches hay que abrigarse.

Por lo demás, me estoy planteando si me dará tiempo de llegar a los Fiordos. Ya lo calcularé. De momento, voy a disfrutar de la visita a mis amigos chilenos, en Bergkvara.

Salud y kms.

P.D.: Para ver la galería, mejor con un poquillo de chill-out. One fine day, de Jakatta. Pulsad Ctrl al mismo tiempo que clicáis sobre una de las fotos de la galería. Así no se cortará la canción.


Posteado por: Carlos Valladares | 2 junio, 2010

De nuevo en Alemania

Seguramente os preguntaréis qué coño pinta una foto de un barco en un blog de un tío que viaja en furgoneta. Bueno, todo tiene una explicación. Y no, no es un ferry.

Pero empecemos por el principio. Tras salir de Bélgica, tiré rumbo a Stade, donde vive un compañero furgonetero, David, más conocido como T3power en el foro de FurgoVW.

Para no causar demasiadas molestias, y poder aprovechar mejor el tiempo, la ruta desde Bélgica hasta Stade fue con relativa calma. Tenía más de 500 kms por delante y 4 días para llegar. El camino era, básicamente, pillar la autopista A1 y pisar a fondo. Pero tampoco era necesario eso, así que, aunque sí hice casi todo el trayecto por esa autopista, fui mirando bastante el paisaje. De hecho, la primera noche, pernocté en una de las muchas áreas de autopista que tiene Alemania. En principio, el plan era merendar algo y luego continuar, ya que apenas eran las 6 de la tarde. Pero resulta que aquella área era de puta madre. Tenía una pequeña carretera que subía por una pequeña montaña, para llegar a la zona de aparcamiento para turismos. Y allí, había un bosque con un lago. Así que me apalanqué allí.

El resto de días estuve en campings municipales. Son muy baratos, y algunos de ellos incluso tienen detalles como jabón para los platos. Vamos, que valen un tercio de lo que costó el puto camping de Nürburgring, y le dan mil vueltas. Además, algunos distinguen entre autocaravana (Wohnmobil) y furgoneta camper, con la ventaja correspondiente en el precio.

Por cierto, en estos campings municipales, que suelen estar en pequeñas poblaciones, los dueños no suelen tener ni pajolera de inglés, así que solo queda el alemán como opción.

De camino a Stade, la furgo cumplió 225.000 kms. Y funciona de maravilla. Se está portando como una campeona. Y encima he conseguido bajar de 10 litros/100 km. Parece que este chisme funciona mejor cuantos más kilómetros tiene.

El viernes llegué a Stade y contacté con David. Me pasé por la empresa donde trabaja y me recibió muy amablemente. Me presentó a su novia, Rita, nos fuimos a dejar la furgoneta a una nave cercana y después a cenar por ahí. Lo que no sabía es que mi furgo iba a dormir muy bien acompañada…

En esa misma nave también tiene David su furgo, La Muchacha. Es una T3 Joker, que originalmente tenía el motor 1.9 de 78 CV, de gasolina, también. Se lo cambió por uno 2.1 de 95 CV y la restauró completamente, ya que estaba en mal estado, cuando la compró.

En su día, David hizo un blog donde describía cómo iba evolucionando la restauración: http://t3projekt.blogspot.com/ .

Durante la cena, David dijo si nos apetecía ir el sábado en barco, junto con otras 3 personas. La respuesta es obvia.

Seguimos el río Elba hasta su desembocadura en Cuxhaven, donde había una fiesta popular gallega. Cuxhaven tuvo en su día una industria pesquera muy importante, y muchos de los inmigrantes que llegaban para trabajar eran españoles (en su mayoría gallegos) y portugueses.

El yate en el que vinimos es del primo de David, pero lo usaba muy poco. De hecho, tiene 17 años y solo 380 horas de uso. Por eso, por estar tanto tiempo parado, surgen pequeñas cosillas. A la vuelta, decidimos adelantarnos David y yo, para ir arrancando el los motores y recoger a las chicas en algún punto del puerto. Esta embarcación lleva 2 motores Volvo, de ciclo Diesel y 280 kW (380 CV) cada uno. Y uno de esos problemillas es que el motor derecho tenía problemas para arrancar. Seguramente por la batería. Y efectivamente, no arrancó. Así que tuvimos que hacer un intercambio de baterías, pasando la que mueve las hélices de maniobra delanteras, atrás.

Al final, tras varios intentos, el motor derecho arrancó.

El domingo fue de relax. La lluvia había dado tregua el sábado (menos mal), pero volvía a hacer acto de presencia. Es curioso, pero casi todos los días que he estado en Alemania, ha estado lloviendo: cuando entré por el sur, tras Austria, empezó a llover. Al ir a Bélgica, paró. Y ahora, al volver hacia Alemania, de nuevo vuelve a llover. Es como una especie de maldición…

David me habló de la isla de Romo, que está al oeste de Dinamarca. Así que ése será mi próximo destino. Además, Dinamarca me pilla de paso si quiero entrar en Suecia.

Ponemos, pues, rumbo a Dinamarca a toda máquina.

Posteado por: Carlos Valladares | 30 mayo, 2010

Qué visitar en Valonia

Aunque ya hace varios días que he vuelto a Alemania, no puedo dejar de explicar algunas de las cosas interesantes de Bélgica.
Bélgica se divide en 2 partes. Bueno, en tres: La zona flamenca (Flandes), que es el norte, Valonia, que es el sur, y Bruselas, que está por ahí en medio, formando una pequeña isla.
Flandes (que no Flanders) es la parte rica. Abunda la pasta. Se habla el flamenco, que es parecido al holandés. En cuanto a la peñita, tiene un comportamiento más estricto.
Por el contrario, en la parte valona se habla francés. Y aunque ahora es más pobre que la parte norte, había sido bastante rica, en la primera mitad del siglo pasado. La razón es la minería. Aquí había muchas minas de carbón. Esto, además, le hacía ser más independiente de los otros países, ya que podían generar su propia energía.
Hoy en día, todas estas minas están cerradas. La última chapó en 1984. Pero sobreviven algunas de sus instalaciones, que se han transformado en museo. Es el denominado turismo industrial.
Además de la minería, Valonia es una potencia mundial en el tema de la ingeniería hidráulica. Por ejemplo, tiene el ascensor de barcos más grande del mundo.
Éste último lo visité uno de los días que estuve en Mons. Es el ascensor de Strépy-Thieu. Y es espectacular. Solo hay que fijarse en el tamaño de la gente.

Si os mola el programa ese que hacen que se llama “Grandes obras de la ingeniería”, o algo así, esta es una visita obligada.

El ascensor tiene dos bañeras, una a cada lado. En esas bañeras, llenas de agua, entran los barcos que hay que subir o bajar.

Entonces se cierra la compuerta y se procede a subir o bajar la bañera. En menos de 10 minutos se pasa de extremo a extremo.

En cuanto al tema de la minería y del patrimonio industrial, hay cantidad de opciones. El museo de Grand-Hornu no es un museo industrial, sino que es un museo de arte contemporáneo. Las instalaciones son las del viejo complejo minero, que se ha restaurado íntegramente.

Dentro del recinto, han dejado algunos de los elementos de la antigua mina, como algunas vagonetas o la cripta de los dueños de la instalación.

La verdad es que no está mal, pero yo me esperaba un museo de minas, no uno de arte contemporáneo.

Pero para museo de minas guapo, el de Bois du Cazier. Está situado cerca de Charleroi.

En este lugar hubo un enorme accidente, en agosto de 1956, donde la palmaron 262 mineros. Por lo visto, se rompieron unos conductos de aceite y unos cables eléctricos dentro de uno de los pozos, lo que provocó una gran explosión. Murieron mineros en varios de los niveles de extracción: desde 100 a más de 1000 metros de profundidad.

Está todo muy bien restaurado, sobretodo las torres de los ascensores. En los edificios contiguos, han hecho varios museos, como el de la industria, donde se puede ver la maquinaria que se usaba en la época, o el del vidrio.

En este lugar puedes ver cómo trabajaban los mineros. Tenía que ser un trabajo muy jodido. Y más en aquella época, donde sudaban del tema seguridad como de la mierda.

Se ven imágenes de cómo extraían el carbón de las vetas. Este mineral se encontraba en láminas inclinadas, y dichas láminas tendrían como mucho medio metro de alto. Pues el minero se tiene que meter ahí e ir extrayendo el mineral. Por supuesto, hay que apuntalarlo todo para que se no hunda el techo del hueco.

La verdad es que este museo está de puta madre. Y si te mola la técnica y la historia, es otra visita obligatoria. Total, solo vale 6 pavos…

Hay muchos otros sitios para visitar: la mina de Blegny, la de Cheratte (en esta hay que colarse), la Casa de la Industria y de la Metalúrgia de Lieja… En Valonia han sido listos y están restaurando todo este patrimonio industrial, lo que encuentro de puta madre, porque además de aprender algo de historia, ves cómo eran las industrias hace más de 50 años. Y eso, a los ingenieros, nos mola.

Posteado por: Carlos Valladares | 24 mayo, 2010

Mons, el retonno!

A mi parecer, creo que las experiencias las forman una mezcla que incluye: un lugar, unas personas, unas condiciones de contorno particulares de aquel momento y, cómo no, el factor aleatorio. Por eso, si has tenido muy buenas experiencias en algún sitio, con cierta gente, y en una época particular, no significa necesariamente que siempre sea así.

En el retorno a Mons, el único factor que se repite respecto a mi estancia de Erasmus es el primero: el lugar. La gente con la que estaba ya no está, y las condiciones de contorno han cambiado: ya no soy estudiante de la Faculté Polytechnique, no resido en la residencia de estudiantes, etc. Por ello, no esperaba que el regreso fuera la bomba. Únicamente me quedaba el factor aleatorio. Para asegurarme un mínimo de vida social, hablé con mi antigua profesora de francés de Mons, Laurence, la cual me puso en contacto con una estudiante Erasmus española que está allí, Lúa. Lúa es una de las pocas personas que cumple su palabra: si dice que te va a llamar, te llama. No abunda ese tipo de gente, la verdad.

El mismo día que llegué, hicimos una visitilla al Irish Pub. Ya no recordaba que las birras belgas son potentes. Con una puedes ir ya doblao. Y acto seguido, para no perder la costumbre, fuimos al Chez Billy, que ha cambiado su ubicación, y ahora está cerca del Irish Pub.

Chez Billy es un sitio famoso en Mons. Siempre íbamos a eso de las 2 de la madrugada, tras salir de fiesta, a meternos entre pecho y espalda una hamburguesa con frites, que es como llaman aquí a las papas fritas. Todo ello remojado con una salsa a escoger. Les encantan las salsas a los belgas.

Pero esa ha sido la única salida que he hecho con la gente de Erasmus que he conocido aquí. Tal vez sea que ya se acaba el curso y están un poco hartos de estar aquí, pero creo recordar que en el año que yo estuve, la gente salía mucho más, y cuando había algún evento particular, más todavía. No había tiempo de quedarse en casa o en la residencia. Supongo que en este caso, el factor aleatorio no ha jugado a mi favor.

Paralelamente a la gente de Mons, me puse en contacto con uno de los más grandes personajes con los que compartí mi estancia de Erasmus: Javier. Por aquel entonces, Javi estaba haciendo el doctorado en informática. Era de los mayores: tenía 31 años, pero nos lo pasábamos de putísima madre, con su beatbox, sus clases de guitarra, sus trucos de magia y nuestras conversaciones sobre peos. xD

Ahora, tiene 35 años, ha acabado el doctorado, está casado, con un hijo recién nacido, y vive en una localidad vecina de Mons: Nivelles. Y me ha encantado comprobar que, aunque sus condiciones de contorno han cambiado, sigue siendo el mismo personajazo. Valga como ejemplo que, para que su hijo se duerma, le pone el video del Trololó.

Por cierto, me enseñó una serie de animación muy interesante. Es un Gran Hermano, pero con personajes como una Betty Boop obesa y supersalida, un Superman que es un pedazo de cabrón, un Pikachu asesino, una princesa de Disney racista y ultra-religiosa, un Bob Esponja con desviaciones sexuales, un Zelda gay y muchos más. Y todo eso salpicado con guarrerías extremas y bromas de muy mal gusto. El resultado se llama Drawn Together, o La casa de los dibujos, según sea el idioma. Mu rico.

Y ya que volvía a Mons, no podía dejar de visitar el Jacob’s. Es un restaurante de comida rápida, donde sirven lo que se llama Metraillette. En concreto, me pedí una metraillette brochette de boeuf. Es un bocata hecho con carne de pincho de ternera, con la salsa que tu escojas, y con patatas fritas. Está muy bueno. Este tipo de bocatas los hacen en muchos sitios, aquí en Bélgica, pero a este garito íbamos mucho.

Por cierto, desde que entré en Bélgica, he vuelto a ver el sol. Y no en sentido figurado. Vuelvo a ir camiseta.

Nos vemos en la carretera.

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